Uno de los más comunes, sobre todo según nos vamos acercando al 2º ciclo, con las asignaturas clínicas, es el del "sindrome del estudiante de medicina": A medida que el estudiante va adquiriendo más conocimientos acerca de todas y cada una de las enfermedades existentes y su sintomatología, tiende a autodiagnosticarse (con relativa frecuencia) muchas de ellas. Vamos, que nos volvemos un poco/bastante hipocondríacos. Dicen por ahí que este "síndrome" desaparece una vez nos graduamos, yo en algunos casos lo dudo mucho. He aquí unos cuantos ejemplos, verídicos, que a muchos de vosotros os resultarán familiares:
El estudiante de medicina no tiene gases, tiene apendicitis.
El estudiante de medicina no está cansado, tiene hipotiroidismo o (más freak) fibromialgia.
Al estudiante de medicina no le duele la cabeza, tiene migraña.
El estudiante de medicina no pierde sensibilidad en las manos por el frío, tiene síndrome de Raynaud (dedicado).
El estudiante de medicina no tiene un familiar enfermo, tiene un factor de riesgo.
El estudiante de medicina no tiene manías, tiene trastorno obsesivo-compulsivo.

A pesar de esto, sí enfermamos. Bien es cierto que no a todos nos pasa y también que lo compartimos con cualquier persona que viva de manera frecuente situaciones estresantes, pero a veces en determinados momentos de la carrera (sumando cierta predisposición personal, todo hay que decirlo) y por la competitividad "in crescendo" en más casos de los que queremos reconocer, no es desdeñable la incidencia de crisis de ansiedad y/o depresión o la aparición de forma temprana de patologías como enfermedad de Crohn o úlcera péptica.
Quizás si aprendiéramos desde el principio que lo realmente duro viene al acabar la carrera, con el ejercicio profesional, retrasaríamos la aparición de todo esto, porque lo que está claro es que si uno es especialmente sensible al estrés... ¡Al final acabará tocado de una u otra manera!
Dedico esta entrada a todos mis hipocondríacos, entre los que se encuentra un servidor (en su día especialista en autodiagnosticarse auténticas burradas desde el desconocimiento).